Columnista Heidi Zahn

Erasmus se ha convertido en una de las iniciativas más exitosas de la Unión Europea. Concebido originalmente como un programa de movilidad académica, hoy es mucho más que eso: es una herramienta concreta para construir una identidad europea común, basada en la diversidad, la cooperación y el entendimiento mutuo.

Erasmus en cifras: un impacto creciente

Según datos de la Comisión Europea:

  • Más de 13 millones de personas han participado en el programa Erasmus+ desde su lanzamiento.
  • Solo en el periodo 2021–2027, el programa cuenta con un presupuesto récord de 26.200 millones de euros.
  • En 2022, participaron más de 1,2 millones de personas en proyectos financiados por Erasmus+, incluidos estudiantes, profesores, jóvenes voluntarios y personal educativo.
  • España se mantiene como uno de los países más activos tanto en recepción como en envío de estudiantes. En 2022, más de 51.000 estudiantes españoles participaron en el programa.

Este crecimiento no es solo cuantitativo. El impacto social y cultural de Erasmus se ha multiplicado a lo largo de los años, consolidando su papel como motor de integración europea.

Aprender a convivir desde la diferencia

Uno de los mayores aportes de Erasmus es que pone en contacto a jóvenes de contextos muy distintos, fomentando una convivencia real entre nacionalidades, religiones, lenguas y costumbres. Esta experiencia directa derriba estereotipos, promueve el respeto y fortalece el sentido de pertenencia a un proyecto común: Europa.

Según un estudio del Erasmus Impact Study:

  • El 83% de los participantes se sienten más europeos después de su experiencia Erasmus.
  • El 90% declara haber mejorado sus habilidades interculturales.
  • Y el 94% de los empleadores valora positivamente la experiencia Erasmus en los procesos de selección.

Erasmus: un laboratorio de ciudadanía europea

Los valores que defiende el programa —solidaridad, inclusión, sostenibilidad, igualdad de oportunidades— son también los pilares del proyecto europeo. A través de Erasmus, esos valores dejan de ser abstractos y se viven de forma cotidiana, en las aulas, en los hogares compartidos, en los proyectos comunitarios.

Además de estudiantes universitarios, Erasmus+ también apoya:

  • Voluntariado internacional, con el Cuerpo Europeo de Solidaridad.
  • Formación profesional y movilidad laboral, facilitando la inserción de jóvenes en el mercado europeo.
  • Educación para adultos, promoviendo la inclusión de personas en riesgo de exclusión.

Más que movilidad: cohesión

En un contexto donde resurgen nacionalismos y discursos de división, Erasmus se convierte en una respuesta efectiva. No impone una única forma de ser europeo, sino que celebra su pluralidad. La unidad no se construye desde la uniformidad, sino desde la capacidad de convivir y colaborar a pesar —y gracias— a las diferencias.

Erasmus no solo mueve estudiantes: mueve ideas, emociones y vínculos que perduran. Es un instrumento de diplomacia ciudadana que ha demostrado, con hechos y cifras, que la juventud europea quiere construir puentes, no muros.

Invertir en Erasmus es invertir en paz, en cohesión social y en un futuro europeo compartido y más humano.