Columnista Heidi Zahn
En una cafetería del campus se escuchan cada día decenas de acentos distintos. Es marzo, y Granada huele a primavera temprana y a diversidad. Aquí, en la Universidad de Granada (UGR), el intercambio cultural no es solo una oportunidad académica: es una forma de vivir.
Desde hace décadas, la UGR se ha consolidado como una de las universidades europeas con mayor número de estudiantes de intercambio. Erasmus, Séneca, ISEP, programas propios… Los caminos que traen a Granada son tan diversos como los estudiantes que los recorren. Pero todos tienen algo en común: una historia que contar.
De Beirut a Granada: Nour y el idioma del alma
Nour llegó desde Líbano hace un año para estudiar Traducción e Interpretación. Al principio, la ciudad le pareció caótica, ruidosa, demasiado viva. Pero pronto encontró en la UGR algo que nunca había tenido: un espacio para expresarse sin miedo.
“Al principio no entendía ni los chistes”, dice entre risas, “pero una profesora me dijo: ‘no traduzcas con la cabeza, traduce con el alma’… y desde entonces todo cambió”.
Hoy Nour colabora con la Oficina de Relaciones Internacionales ayudando a otros estudiantes recién llegados. Sueña con ser intérprete en Naciones Unidas y no olvida que su primer escenario fue un aula en la Facultad de Traducción.
Leandro, el brasileño que se enamoró de la Alhambra (y de la gente)
Leandro vino desde São Paulo a estudiar Historia del Arte. Lo que no imaginaba es que terminaría dando visitas guiadas por la Alhambra… en portugués, español, inglés y hasta en italiano básico, que aprendió “a base de cafés con Erasmus”.
“La UGR me abrió las puertas, pero Granada me abrió el corazón”, dice con emoción. Hoy, Leandro organiza rutas culturales para estudiantes internacionales y prepara una tesis sobre el diálogo artístico entre el mudéjar y el barroco.
“En Granada, entendí que la mezcla no es confusión, es belleza.”
Paula, de Granada al mundo (y de vuelta)
Paula es granadina. Estudió Derecho y vivió su experiencia Erasmus en Cracovia, donde conoció a personas de más de veinte países. “Cuando volví, sentí que mi mundo se había quedado pequeño”, cuenta.
Hoy trabaja en la Oficina de Proyectos Internacionales de la UGR, ayudando a que más estudiantes salgan, vuelvan y cuenten su historia.
“Cada intercambio es una pequeña revolución personal. Yo lo viví y ahora ayudo a que otros lo vivan.”
Un campus sin fronteras
La UGR no es solo una universidad. Es un ecosistema multicultural donde conviven más de 4.000 estudiantes internacionales cada año. En sus aulas se cruzan miradas, saberes, recetas, acentos, canciones. En sus pasillos se entienden sin hablar o se debaten ideas con pasión. Porque aquí, en esta ciudad entre montañas y mares, el intercambio no es un privilegio, es una promesa de futuro compartido.
Y así, entre clases, tapas, paseos por el Albaicín y noches de estudio en la Biblioteca del Centro de Lenguas Modernas, se tejen historias de éxito que no salen en los rankings pero dejan huella en cada persona que las vive.
📌 Granada, donde las culturas se encuentran y se entienden. Donde cada estudiante extranjero deja un poco de su mundo, y se lleva un trozo del nuestro.
